¿Cómo estimular el lenguaje de un niño desde los primeros meses?

El desarrollo del lenguaje comienza mucho antes de que un bebé pronuncie sus primeras palabras. Desde los primeros meses de vida, los niños se comunican mediante el llanto, las expresiones faciales, los movimientos corporales, la mirada, los sonidos y las diferentes formas de interacción con quienes los rodean.

Por eso, estimular el lenguaje desde los primeros meses no significa enseñar al bebé a hablar antes de tiempo. Significa crear oportunidades para que escuche, observe, responda, imite, juegue, interactúe y encuentre diferentes maneras de comunicarse.

Hablarle mientras lo alimentamos, responder a sus sonidos, cantar juntos, mirar un cuento o simplemente compartir un momento de juego son experiencias sencillas que pueden favorecer su desarrollo y, al mismo tiempo, fortalecer el vínculo entre el niño y su familia.

¿Cuándo comienza el desarrollo del lenguaje?

Una de las preguntas frecuentes de madres, padres y cuidadores es ¿cuándo comienza realmente el lenguaje?

La respuesta es: desde los primeros meses de vida.

Antes de decir “mamá”, “papá” u otras palabras, el bebé comienza a desarrollar habilidades que son importantes para la comunicación. Puede reaccionar ante las voces, observar rostros, producir sonidos, sonreír, buscar interacción y posteriormente comenzar a balbucear e imitar sonidos.

Estas primeras formas de comunicación son importantes porque permiten que el niño establezca intercambios con las personas que lo rodean.

Por ejemplo, cuando un bebé emite un sonido y el adulto responde hablándole, se produce una interacción. Si el bebé vuelve a emitir un sonido y el adulto responde nuevamente, se genera una especie de conversación temprana, aunque todavía no existan palabras.

Háblele desde los primeros meses

Una de las estrategias más sencillas para estimular el lenguaje es hablarle al bebé durante las actividades cotidianas.

No es necesario esperar a que pueda responder con palabras.

Puede hablarle mientras lo alimenta, lo baña, lo cambia, lo viste o sale a caminar con él.

Por ejemplo:
“Vamos a bañarnos.”
“Ahora vamos a ponerte la camiseta.”
“Mira el árbol.”
“Ya llegó papá.”

Estas conversaciones permiten que el bebé escuche diferentes palabras, voces, entonaciones y ritmos del lenguaje.

También puede describir lo que está haciendo:

“Estoy preparando la comida.”
“Vamos a guardar los juguetes.”
“Mira el perro. El perro está caminando.”

No se trata de hablar constantemente ni de convertir cada momento en una actividad estructurada. La idea es aprovechar momentos cotidianos del día para generar oportunidades de interacción.

Responda a sus sonidos y gestos

Cuando un bebé hace sonidos, sonríe, mueve las manos, mira un objeto o intenta llamar la atención, está comunicándose.

Responder a esas señales le permite experimentar que sus intentos de comunicación son importantes.

Si el bebé balbucea, por ejemplo, puede imitar el sonido y después agregar palabras.

Bebé: “Ba-ba-ba.”
Adulto: “Ba-ba. ¡Sí! Mira, el balón.”

Este intercambio puede convertirse en una pequeña conversación.

Mire al niño cuando le habla

El contacto visual y la atención compartida pueden ayudar a fortalecer la interacción entre el adulto y el niño.

Cuando sea posible, ubíquese a su altura, mire lo que está observando y hable sobre aquello que llama su atención.

Cante y juegue con los sonidos

Las canciones pueden convertirse en una actividad sencilla para compartir con los niños.

Las canciones infantiles permiten jugar con sonidos, palabras, repeticiones y diferentes ritmos.

No es necesario tener conocimientos musicales ni utilizar canciones complejas.

Puede cantar mientras realizan actividades cotidianas, acompañar la canción con movimientos de las manos o hacer pausas para que el niño participe según sus posibilidades.

También pueden utilizarse canciones tradicionales, rondas infantiles y juegos de palabras apropiados para la edad.

Lo importante es que la actividad sea una experiencia de interacción y disfrute.

Lea cuentos desde los primeros meses

No es necesario esperar a que el niño aprenda a leer para comenzar a compartir libros.

Desde los primeros meses, los padres y cuidadores pueden mostrar imágenes, señalar objetos, nombrarlos y hablar sobre las ilustraciones.

Por ejemplo:
“Mira el gato.”
“¿Dónde está el gato?”
“Aquí está.”

Con niños un poco mayores, pueden hacer preguntas sencillas:
“¿Qué está haciendo?”
“¿Dónde está el perro?”
“¿Qué crees que va a pasar?”

La lectura compartida también permite ampliar el vocabulario, crear espacios de conversación y favorece el lenguaje.

Juegue con el niño

El juego es otra oportunidad para desarrollar la comunicación.

Durante el juego, los adultos pueden describir las acciones, introducir palabras nuevas y responder a las iniciativas del niño.

Por ejemplo, mientras juegan con bloques:
“Vamos a poner el bloque arriba.”
“Se cayó.”
“Hagamos una torre.”
Durante un juego con animales:
“Este es el perro.”
“El perro hace guau.”
“¿Dónde está el gato?”

El objetivo no es convertir el juego en una clase, sino acompañarlo con palabras, aquello que el niño está haciendo, mirando o disfrutando.

Amplíe lo que el niño dice

Cuando el niño comienza a utilizar palabras, los adultos pueden ampliar sus expresiones de manera natural.
Por ejemplo, si dice:
“Agua.”
El adulto puede responder:
“Quieres agua. Vamos a darte agua.”
Si dice:
“Perro.”
Puede responder:
“Sí, es un perro grande.”
De esta manera, se le ofrece un modelo de lenguaje más amplio sin obligarlo a repetirlo.
Es diferente decir:
“Dilo: perro grande.”
que responder naturalmente:
“Sí, es un perro grande.”
La conversación debe mantenerse como una interacción, no convertirse en un examen constante.

Evite corregir cada palabra

Durante el aprendizaje del lenguaje es normal que los niños pronuncien algunas palabras de manera diferente a los adultos.

Si el niño dice:
“Tato”

para referirse a un “gato”, el adulto puede responder:

“Sí, es un gato.”
Así recibe el modelo correcto sin necesidad de interrumpir constantemente la comunicación.

Esto es especialmente importante porque el niño necesita sentirse motivado para comunicarse.

La conversación cotidiana debe permitirle experimentar con sonidos y palabras sin miedo a equivocarse.

Haga preguntas, pero también dé tiempo para responder

Una conversación requiere participación.

A veces los adultos hacen una pregunta y, antes de que el niño tenga tiempo para responder, vuelven a preguntar o proporcionan la respuesta.

Es importante darles tiempo.

En lugar de hacer varias preguntas consecutivas, puede realizar una pregunta sencilla y esperar.

“¿Dónde está el balón?”

Después, observe qué hace el niño.

Tal vez señale, mire hacia el balón, emita un sonido o diga una palabra.

Todas estas respuestas pueden ser formas de comunicación.

Reduzca las distracciones durante los momentos de interacción

No se trata eliminar completamente las pantallas o los dispositivos electrónicos para estimular el lenguaje, pero sí es importante proteger los espacios de interacción directa.

Cuando un adulto conversa, juega o lee con un niño, puede ser útil dejar a un lado el celular durante unos minutos y concentrarse en la actividad.

La interacción cara a cara permite observar lo que el niño mira, señala o expresa y responder de manera inmediata a sus intentos de comunicación. A veces, unos minutos de atención consciente pueden convertirse en una gran oportunidad para comunicarnos.

¿Qué actividades pueden hacer las familias en casa?

Estimular el lenguaje no requiere materiales costosos.

Muchas actividades pueden realizarse con objetos que ya hacen parte de actividades cotidianas.

Con bebés pequeños

  • Hablarles durante las rutinas diarias.
  • Cantar canciones.
  • Imitar sus sonidos.
  • Responder a sus gestos.
  • Sonreírles y establecer contacto visual.
  • Leer libros con imágenes.
  • Nombrar objetos que llaman su atención.

Cuando comienzan a usar palabras

  • Nombrar objetos cotidianos.
  • Describir acciones.
  • Leer cuentos.
  • Cantar canciones.
  • Jugar con sonidos.
  • Hacer preguntas sencillas.
  • Ampliar las palabras que utilizan.
  • Darles tiempo para responder.

Durante el juego

  • Describir lo que están haciendo.
  • Introducir palabras nuevas.
  • Inventar historias.
  • Jugar a representar situaciones cotidianas.
  • Señalar y nombrar objetos.
  • Seguir los intereses del niño.

¿Cuándo consultar a un profesional?

Cada niño desarrolla sus habilidades a su propio ritmo. Sin embargo, si la familia tiene una preocupación persistente sobre la manera en que el niño escucha, comprende, se comunica o utiliza el lenguaje, es importante buscar orientación profesional.

También es importante consultar cuando se observa:

  • Pérdida de habilidades comunicativas que anteriormente había adquirido.
  • Dificultad para responder a sonidos o a la voz de los adultos.
  • Falta de respuesta al nombre en edades en las que debería hacerlo.
  • Ausencia de gestos comunicativos esperados para su etapa de desarrollo.
  • Dificultades importantes para comprender o expresarse.
  • Preocupaciones persistentes de la familia frente al desarrollo de la comunicación.

No se trata de comparar a un niño con otros ni de esperar que todos alcancen los mismos logros exactamente al mismo tiempo.
Se trata de conocer su proceso, reconocer sus necesidades y buscar apoyo cuando algo genera preocupación.

¿Por qué la audición también es importante para el desarrollo del lenguaje?

Escuchar y comunicarse están estrechamente relacionados.

Durante los primeros años, los niños necesitan recibir información auditiva para interactuar con los sonidos de su entorno y desarrollar progresivamente habilidades comunicativas.
Por esta razón, si existen dudas relacionadas con la respuesta del niño a los sonidos, es importante comentarlas con un profesional de salud.

En niños con labio fisurado y paladar hendido (LPH), este aspecto adquiere especial importancia debido a que pueden presentarse situaciones relacionadas con el oído medio y la audición que requieren seguimiento dentro del proceso de atención integral.

El lenguaje en niños con labio fisurado y paladar hendido

En los niños con labio fisurado y paladar hendido, el desarrollo de la comunicación y el habla puede requerir un acompañamiento especializado.

El paladar participa en diferentes funciones relacionadas con la producción del habla y, por esta razón, los niños con LPH pueden necesitar seguimiento por profesionales que conozcan las características particulares de esta condición.

En Fisulab, la atención incluye fonoaudiología, otorrinolaringología, psicología, odontología, ortodoncia, cirugía plástica y genética, entre otros servicios, con el propósito de acompañar las diferentes necesidades de los pacientes con LPH durante su crecimiento.

Desde este enfoque, el desarrollo de la comunicación no se entiende solamente como aprender a decir palabras. También implica poder expresar necesidades, compartir intereses, conectar con los demás y sentirse escuchado.

Cada conversación, cada cuento, cada canción y cada momento de juego pueden convertirse en una oportunidad para comunicarse.

Lo más importante es estar presentes, escuchar y acompañar el proceso de cada niño.

Compartir

¡PIÉNSALO UNA SEGUNDA VEZ!

¡Anímate a donar!