¿Cómo fortalecer la seguridad y autonomía de un niño durante su crecimiento?

La infancia es una etapa de descubrimiento. A medida que crecen, niñas y niños comienzan a reconocer lo que les gusta, expresar lo que sienten, tomar pequeñas decisiones, resolver situaciones cotidianas y descubrir todo lo que son capaces de hacer.

Este proceso no ocurre de un día para otro. La seguridad y la autonomía se construyen poco a poco, a través de las experiencias que los niños viven y especialmente, de la relación que establecen con las personas que los acompañan. Un niño que se siente escuchado, querido y seguro tiene mayores posibilidades de explorar su entorno, intentar cosas nuevas y aprender de sus errores. Por eso, fomentar la autonomía no significa dejar que los niños hagan todo solos. Significa acompañarlos, confiar en sus capacidades y permitirles avanzar de acuerdo con su edad y sus propias características.

¿Qué es la autonomía infantil?

La autonomía infantil es un proceso progresivo mediante el cual los niños adquieren habilidades para participar en diferentes actividades de su vida cotidiana, tomar decisiones acordes con su edad y asumir pequeñas responsabilidades.

Puede manifestarse en acciones aparentemente sencillas como:

  • Elegir entre dos opciones de ropa.
  • Recoger sus juguetes. Intentar comer por sí mismo.
  • Participar en su rutina de higiene.
  • Escoger un cuento para leer.
  • Expresar lo que le gusta o le disgusta.
  • Intentar resolver un problema antes de pedir ayuda.
  • Participar en algunas tareas familiares.

Cada una de estas experiencias permiten que los niños descubran que tienen capacidades y que sus decisiones pueden ser escuchadas dentro de los límites establecidos por los adultos.

La autonomía, entonces, no se trata solamente de independencia. También implica desarrollar confianza en sí mismo y aprender a reconocer cuándo puede intentar algo y cuándo necesita el acompañamiento de un adulto.

Seguridad y autonomía: dos procesos que van de la mano

Para que un niño pueda explorar y desarrolle autonomía necesita sentirse seguro.

La seguridad emocional se construye mediante relaciones en las que pueda sentirse escuchado, respetado y acompañado. Esto no significa evitarle todas las dificultades, sino proporcionarle un entorno en el que pueda explorar y aprender sabiendo que cuenta con adultos que pueden orientarlo; lo anterior, se logra cuando un adulto escucha, responde a sus necesidades, valida sus emociones, establece límites y permanece disponible cuando el niño necesita ayuda

Por eso, seguridad y autonomía no son conceptos opuestos.

Un niño puede aprender a hacer algo por sí mismo y, al mismo tiempo, saber que puede acudir a un adulto cuando necesita ayuda.

Permita que su hijo participe en las actividades cotidianas

Una de las maneras más sencillas de fomentar la autonomía es involucrar al niño en las actividades que forman parte de su rutina.

Por ejemplo, dependiendo de su edad, puede ayudar a guardar sus juguetes, escoger entre dos prendas, organizar algunos objetos personales o participar en su rutina de higiene.

Es posible que inicialmente necesite orientación o que tarde más tiempo en realizar la actividad. Eso también hace parte del aprendizaje.

El objetivo no es que todo quede perfecto, sino que tenga la oportunidad de practicar. En lugar de hacer inmediatamente una tarea por él, puede preguntarle:

“¿Quieres intentarlo primero?”

Si lo necesita, el adulto puede ayudarlo después.

Ofrézcale opciones sencillas

Tomar decisiones también es una forma de desarrollar autonomía.

Esto no significa que los niños deban decidir sobre todos los aspectos de su vida. Los adultos continúan siendo responsables de establecer límites relacionados con su seguridad, salud y bienestar.

Sin embargo, dentro de esos límites pueden ofrecerse alternativas.

Por ejemplo:

“¿Quieres leer este cuento o este otro?”
“¿Quieres guardar primero los carros o los bloques?”
“¿Prefieres ponerte la camiseta azul o la blanca?”

Estas pequeñas decisiones permiten que los niños expresen sus preferencias y comiencen a desarrollar criterio aprendan que su voz puede ser escuchada.

Reconozca sus esfuerzos

Aprender una nueva habilidad requiere tiempo, práctica y, muchas veces, varios intentos.

Un niño puede intentar ponerse los zapatos y equivocarse, aprender a organizar sus juguetes y olvidar algunos, o intentar una actividad varias veces antes de conseguirla.

En estos momentos, es importante evitar que el error se convierta en motivo de vergüenza.

En lugar de centrarse únicamente en el resultado, los adultos pueden reconocer el esfuerzo:

“Veo que lo intentaste.”
“Te tomó varios intentos, pero seguiste practicando.”
“¿Quieres que lo intentemos juntos?”

De esta manera, el niño aprende que equivocarse también hace parte del aprendizaje y equivocarse no significa que no sea capaz.

Ayúdele a reconocer y expresar sus emociones

La autonomía también está relacionada con la capacidad de expresar necesidades, gustos y emociones.

Un niño puede sentirse triste, enojado, frustrado, nervioso o asustado Necesita aprender que todas las emociones pueden expresarse, aunque no todos los comportamientos sean adecuados.

Validar una emoción no significa permitir cualquier comportamiento.

Por ejemplo, si un niño está enojado y golpea a otra persona, el adulto puede establecer el límite:

“Entiendo que estás enojado, pero no podemos pegar. Puedes decirme qué te molestó y podemos buscar otra forma de expresarlo.”

Cuando los adultos acompañan las emociones en lugar de rechazarlas, ayudan a los niños a desarrollar herramientas para comprender y regular lo que sienten.

Establezca límites claros y afectuosos

La autonomía no significa ausencia de límites.

Los niños necesitan normas que les permitan comprender qué comportamientos son seguros y cuáles no.

Un límite claro puede ser: “Puedes jugar en esta zona de la casa, pero no puedes acercarte a la estufa porque puede ser peligroso.”

Los límites también ayudan a los niños a comprender que existen situaciones en las que las decisiones corresponden al adulto.

Evite compararlo con otros niños

Cada niño desarrolla sus habilidades a su propio ritmo.

Compararlo constantemente con hermanos, primos, compañeros de colegio u otros niños puede generar frustración,  afectar la manera en que percibe sus propias capacidades y hacer que centre su atención en lo que “todavía no puede hacer” en lugar de reconocer sus propios avances.

En lugar de decir:

“Mira cómo tu primo ya lo hace y tú todavía no.” puede ser más útil observar su propio proceso: “La semana pasada necesitabas ayuda para hacerlo y ahora ya puedes intentarlo solo.” El objetivo es acompañar el desarrollo individual y reconocer los avances que corresponden a cada niño.

Utilice el juego como una herramienta para fortalecer la autonomía

El juego ocupa un lugar importante en el desarrollo infantil, ya que les permite explorar, aprender y expresar lo que sienten.

A través de actividades de construcción, dibujo, lectura, juegos de roles, rompecabezas o juegos tradicionales, los niños pueden explorar, tomar decisiones y resolver problemas.

No siempre es necesario comprar juguetes nuevos.

Existen elementos cotidianos que pueden convertirse en oportunidades de juego, siempre verificando que sean seguros y apropiados para la edad.

Durante el juego, el adulto puede acompañar sin resolver inmediatamente todos los problemas.

Si una torre se cae, por ejemplo, en lugar de construirla nuevamente por el niño, puede preguntar: “¿Qué podríamos cambiar para que no se caiga?”

Así en lugar de darle directamente la solución, le permitimos pensar, probar y descubrir.

Fortalezca la comunicación

Poder comunicarse también favorece la autonomía.

Cuando un niño puede expresar que tiene hambre, que algo le duele, que necesita ayuda, que quiere participar o que algo no le gusta, tiene mayores posibilidades de participar activamente en su entorno.

Por eso es importante conversar con los niños, escuchar sus respuestas, leer juntos, cantar, hacer preguntas y darles tiempo para expresarse.

En el caso de niños con labio fisurado y paladar hendido (LPH), el acompañamiento de la comunicación y el lenguaje puede requerir un acompañamiento especializado dentro de su tratamiento integral.

Fisulab cuenta con servicios de fonoaudiología, orientados al desarrollo del lenguaje, además de otros servicios que hacen parte de su atención interdisciplinaria.

Acompañe al niño durante los procesos de rehabilitación

Para algunos niños, crecer también significa enfrentarse a controles médicos, terapias, procedimientos odontológicos o intervenciones quirúrgicas.

En el caso de los niños nacidos con labio fisurado y paladar hendido, el tratamiento puede involucrar diferentes profesionales y etapas a lo largo de su crecimiento.

En estos procesos, la familia cumple un papel fundamental.

Explicar al niño lo que va a ocurrir con palabras apropiadas para su edad, escuchar sus preocupaciones y permitirle hacer preguntas puede ayudarlo a participar activamente en su proceso.

Fisulab trabaja bajo un modelo de rehabilitación integral para personas con labio fisurado y paladar hendido en Colombia, con un equipo interdisciplinario que incluye áreas como psicología, fonoaudiología, odontología, ortodoncia, cirugía plástica, otorrinolaringología y genética.

Este enfoque permite comprender que la rehabilitación no se limita a un procedimiento médico, sino que contempla diferentes necesidades que pueden presentarse durante el crecimiento.

Fortalezca su seguridad emocional

La seguridad de un niño también se construye en las relaciones que establece con las personas que lo rodean.

Escucharlo cuando quiere hablar, dedicarle tiempo, reconocer sus esfuerzos, poner límites, permitirle equivocarse, acompañarlo cuando tiene miedo y hacerle saber que puede pedir ayuda son acciones sencillas que fortalecen el vínculo.

¿Qué pueden hacer las familias desde casa?

Fortalecer la autonomía puede comenzar con pequeños cambios en la rutina familiar.

Algunas prácticas que pueden incorporarse son:

  • Permitir que el niño intente realizar actividades acordes con su edad.
  • Darle opciones sencillas para elegir.
  • Escuchar sus opiniones.
  • Preguntarle cómo se siente.
  • Reconocer sus esfuerzos.
  • Establecer límites claros.
  • Evitar comparaciones.
  • Permitirle resolver problemas sencillos.
  • Enseñarle a pedir ayuda cuando la necesite.
  • Acompañar sus procesos médicos y terapéuticos.
  • Respetar sus tiempos y características individuales.

La autonomía también necesita acompañamiento profesional

Cada niño tiene una historia y unas necesidades individuaes. En algunos casos, las familias pueden necesitar orientación profesional para comprender mejor determinados comportamientos, emociones, dificultades de comunicación o aspectos relacionados con el desarrollo.

Si tienes inquietudes sobre el bienestar emocional, la comunicación, el lenguaje, la salud oral, la audición o el desarrollo de tu hijo, buscar orientación puede ser un paso importante.

En Fisulab, las familias de niños y adultos con labio fisurado y paladar hendido pueden encontrar un modelo de atención interdisciplinario que integra diferentes áreas de rehabilitación. Entre sus servicios se encuentran psicología, fonoaudiología, odontología, ortodoncia, otorrinolaringología, genética y cirugía plástica, además de talleres y acompañamiento a las familias.

Desde psicología, acompañamos a los niños y sus familias en diferentes momentos del proceso, brindando herramientas para fortalecer aspectos emocionales, familiares y de adaptación que pueden surgir durante el crecimiento y el tratamiento integral; igualmente, fonoaudiología acompaña procesos relacionados con el desarrollo del lenguaje.

Este acompañamiento puede contribuir a que las familias cuenten con herramientas para afrontar diferentes etapas del proceso de rehabilitación y desarrollo.

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