Recibir el diagnóstico de labio y paladar fisurado (LPH) suele despertar muchas preguntas en las familias. Una de las más frecuentes es: ¿qué sigue ahora?
Aunque cada niño tiene necesidades particulares, el tratamiento del LPH sigue un proceso organizado que involucra diferentes especialistas y acompaña el crecimiento del paciente desde sus primeros días de vida hasta la adolescencia e incluso la adultez.
Conocer este camino permite a los padres afrontar cada etapa con mayor tranquilidad y comprender que cada intervención tiene un propósito dentro del desarrollo integral de su hijo.
El tratamiento comienza mucho antes de la primera cirugía
Muchas personas creen que el tratamiento inicia únicamente cuando llega el momento de la cirugía. Sin embargo, el acompañamiento empieza desde el momento del diagnóstico.
Durante esta etapa, el equipo interdisciplinario orienta a la familia sobre aspectos fundamentales como:
- Alimentación adecuada.
- Ganancia de peso.
- Cuidados generales del bebé.
- Valoraciones médicas iniciales.
- Planeación del tratamiento.
Este acompañamiento temprano busca que el bebé llegue en las mejores condiciones posibles para las intervenciones que se realizarán posteriormente.
Los primeros meses de vida: una etapa de adaptación
Durante los primeros meses, la prioridad es garantizar que el bebé pueda alimentarse correctamente y tenga un adecuado crecimiento.
Dependiendo del caso, algunos bebés pueden requerir biberones especiales, adaptaciones en la técnica de alimentación o seguimiento nutricional.
Además, el equipo médico realiza evaluaciones periódicas para verificar que el desarrollo sea favorable antes de programar la primera cirugía.
En esta etapa, el papel de los padres es fundamental, ya que el cuidado diario tiene un impacto directo en la evolución del tratamiento.
La cirugía: un paso importante dentro del proceso
La cirugía representa uno de los momentos más importantes, pero no es el final del tratamiento.
Su objetivo es mejorar la función y favorecer el desarrollo de estructuras como el labio, el paladar, la alimentación y posteriormente el habla.
El momento de cada procedimiento dependerá de las características individuales del paciente y será definido por el equipo tratante.
Después de la cirugía, las familias reciben recomendaciones específicas sobre cuidados, higiene, alimentación y controles médicos para favorecer una adecuada recuperación.
El acompañamiento continúa durante el crecimiento
A medida que el niño crece, aparecen nuevos retos relacionados con su desarrollo.
Por esta razón, el tratamiento incluye diferentes profesionales que trabajan de manera coordinada.
Entre ellos pueden participar:
- Cirugía plástica
- Odontopediatría
- Fonoaudiología
- Psicología
- Nutrición
- Trabajo social
- Terapias de apoyo cuando son necesarias
Cada especialidad aporta desde su experiencia para favorecer el bienestar físico, emocional y social del paciente.
La etapa escolar también hace parte del proceso
Cuando los niños ingresan al colegio comienzan nuevos desafíos.
El desarrollo del lenguaje, la interacción con otros niños, la autoestima y la confianza cobran gran importancia.
Por eso, el seguimiento continúa para identificar oportunamente cualquier necesidad relacionada con el habla, la comunicación, el aprendizaje o el bienestar emocional.
El objetivo es que cada niño pueda participar plenamente en su entorno familiar, escolar y social.
La adolescencia: consolidando los resultados
Durante la adolescencia pueden realizarse nuevas valoraciones para acompañar el crecimiento facial y dental.
En algunos casos se complementa el tratamiento con ortodoncia u otros procedimientos que ayudan a optimizar la función y la armonía facial.
Además, esta etapa también requiere acompañamiento emocional, ya que es un momento importante para la construcción de la identidad y la autoestima.
Un tratamiento que evoluciona junto al paciente
El tratamiento del labio y paladar fisurado no consiste en una sola consulta ni en una única cirugía.
Es un proceso continuo que evoluciona conforme el niño crece y cambia.
Cada control, cada terapia y cada intervención hacen parte de un plan diseñado para favorecer el desarrollo integral y ofrecer las mejores oportunidades para el futuro.
El papel de la familia hace la diferencia
Ningún tratamiento sería igual sin el compromiso de los padres y cuidadores.
Asistir a los controles, seguir las recomendaciones médicas y brindar un entorno de apoyo fortalece el proceso de rehabilitación y contribuye al bienestar del niño.
Resolver las dudas con el equipo de profesionales y mantener una comunicación constante permite tomar decisiones informadas en cada etapa del camino.
En Fisulab caminamos junto a cada familia
En Fisulab entendemos que cada historia es diferente y que cada paciente requiere una atención integral.
Nuestro equipo interdisciplinario acompaña a niños, adolescentes y sus familias durante cada etapa del tratamiento, ofreciendo atención especializada, seguimiento continuo y orientación para construir juntos un proceso de rehabilitación lleno de confianza y esperanza.
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